Category Archives: Sketchs

Las Tres E

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Entinto, edito y escribo en la compu de mi  vieja en Gerli, Avellaneda, Buenos Aires. La silla está rota, lleno de gatos por todos lados y algún canal de noticias suena atrás, desde el televisor. El perro de la vecina llora, y el perro de la otra vecina ladra, sin parar, todo el día. Alguien martilla algo afuera, otro corta una chapa, una Zanella con caño de escape libre pasa por Larrazabal, las puertas se golpean a cada rato mientras partes de la ciudad estan sumergidas bajo agua por un temporal.
El tipo del bufet en el Club Estrella no me conoce por lo que no deja entrar para jugar al pool por miedo a que le robe con la excusa de: “no podes jugar solo”. Me doy media vuelta y caminando a la casa pienso que debería ir al dentista antes de volver a Canadá.

Los dibujos que escaneo son parte de un proyecto largo, algo así como una especie de diario ilustrado con el que vengo dando vueltas desde hace rato. Muchos dibujos de la calle hechos en la calle y muchos otros hechos en mi cuarto de memoria en St. John´s, Newfoundland.
Todo sirve como excusa para sentarse a dibujar y tratar de contar algo. Por ahora tengo hasta ahí, más adelante les cuento que pasa con todo esto.

Buenos Aires otra vez.

En vivo

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Unos dibujos de bar hechos de parado en el cuaderno pintados en el photoshop con mi querido mouse.
La ciudad esta llena de pequeños bares donde todos los noches hay música en vivo, quizás algún día aprenda a dibujar guitarras.
A veces también surge el intercambio de retratos por cerveza, pero de esos no tengo ninguno ni quiero verlos.

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Pájaros y casas

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Había salido a dar una vuelta para meter algo en el cuaderno de bocetos y salió esto. Qué simpáticos los techos en el Plateau de Montreal.
Allá por Mayo del 2010.

pepa

Más de la realidad, como una obsesión por capturar todo lo que veo en el cuaderno.  Acá mientras nos quedábamos en el cuarto del compañero de piso de Pierre Luc en la Rue St. Denis, lleno de fotos y recuerdos de los lugares a los que había viajado.

El aguante

canadiens

Los fanáticos de los Montreal Canadiens, el equipo de hockey de Quebéc que juega en la NHL (la liga de hockey norteamericana), inundaron las calles cuando llegaron a las semifinales de la copa.
Al ser el único equipo en toda la ciudad, la gente vestía la misma camiseta en todas partes, un evento particular que, siendo de Argentina donde solo en Buenos Aires hay docenas de equipos y estadios, me llamó la atención.
Yo andaba por ahí, caminando sin rumbo fijo, mirando todo como si fuese por la ventana de un tren. Más tarde, ya agotado, me senté a descansar en una escalera en la esquina de la Avenida St. Dennis y el bulevar de Maisonneuve y retraté algunos de los personajes en mi cuaderno.
Esa noche los de Montreal ganaron y los fanáticos salieron a descontrolar la ciudad, destruyendo locales, licorerías y tiendas de ropa en un festín de violencia sin sentido. En los diarios se podían ver algunas fotos de gente con cajas de zapatillas o botellas de licor saliendo de entre las ventanas rotas de algún local.
Más tarde en la serie, quedarían eliminados de la copa y los hinchas junto con sus camisetas se convertirían en algo imposible de encontrar en la urbe.

Ziggy’s

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St. John’s, Newfoundland.
Esta camionetita, que acá le dicen “step van”, se dedica solo a vender papas fritas en el centro. Decidí dibujarla porque me gustaba el personaje que está pintado sobre el costado y además, porque es el lugar donde todos terminan después de una borrachera en los bares de la zona.
A una cuadra del puerto, el viento helado del atlántico norte me partía las manos allá por marzo…  volví a terminarlo ahora en Junio y a pesar del Sol brillando y una temperatura un poco más agradable, el viento seguía presente.
Esta vez sin embargo, el dolor en las manos empezó a hacerse notar después de unas horas, cuando el dibujo ya estaba terminado.

Falsas Fábulas

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가짜 우화
Fake Fables 

Tambaleando
borracho
al final
de un arcoiris
borroneado,
una saco lleno
con monedas 
de oro
se encontró,high_sanvalentin

Vagó sonriendo,
silbando
alegremente
durante semanas
enteras,
pero
sin saber que hacer
con su dinero,
se sentó
a un costado
del camino
y
se puso
a llorar, 

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Una catarata
(etílica)
brotó
de sus ojos,
mientras
reflejado en
sus lágrimas
cayentes
de cristal
azul oscuro,
una chispa
mágica 
lo sorprendió
y subitamente
tenía 
la solución
a su
monetario
dilema,

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En ese
mismísimo
momento
en 
que todo eran
saltos y risas
otra vez,
un oscura
e insolentemente
cuervo 
pasó rasante
para hurtar
con su pico
el saco
con monedas
de oro, 

 

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Ya
desde
lo alto,
posado
en un cable,
recuperado
el aliento, 
dijo:
“nada 
es de nadie”

cabizbajo,
sin saber 
que hacer,
otra vez
perplejo,
él
quedó.

 

Jaula Nueva para el Mono

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원숭이를 위한 새로운 감금소
New Cage for the Monkey

En el momento que abro la puerta de entrada, sale disparado hacia la calle y rápidamente lo pierdo de vista, inmovilizado, sabiendo que es imposible atraparlo. El mono vuelve a escaparse.
Al tiempo lo encuentro, lo baño, lo peino, le doy de comer y se queda tranquilo.
A las pocas semanas lo veo con la cara pegada a la ventana otra vez; los autos pasando echando humo, la nieve rodando con el viento, los pájaros picoteandose por una ramita, las personas grises yendo al trabajo heladas en la mañana de invierno. Todo lo que está afuera absorve su atención.
Por el reflejo del vidrio puedo ver su cara compenetrada con el infinito. Sus ojos laten brillantes mientras sus manos pellizcan el marco de madera despintada. Siento que puede ver mas allá de la calle, de las chimeneas o de las antenas oxidadas en los techos de las casas del barrio. Puede ver la ciudad encendiendose por la noche y escuchar las bocinas de los buses atravesando las calles del centro; los vagabundos pidiendo monedas en la estacion y las putas maquillandose en el cordón de la calle pensando en el chute que tiene en la cartera; los taxis llenos y los centavos de cobre tirados en el asfalto mientras el neón de los restaurantes del barrio chino se apagan por la mañan; las peleas en los bares y el sonido de una botella estallando en alguna parte; las playas vacías en invierno y una paloma muerta en una terraza bajo el sol de la tarde que se acaba.
Más allá de todo eso, los caminos y las rutas, las montañas azules y los árboles imponentes. El sonido oxidado de los trenes llevando avena al más allá al momento en que las nubes nadan en un atardecer rojo de verano, mientras las estrellas se descargan cantando melancolías y titilando tímidamente hasta desaparecer en la oscuridad de la habitación infinita.

Apago la luz y el simio se queda dormido.

Meses después vuelve a fugarse. Salta en trenes, viaja en camiones de carga, come sardinas enlatadas al pie de una montaña, visita pueblos escondidos y hasta presciento que mantiene conversaciones existenciales interminables y estimulantes con conductores borrachos, osos pardos y musarañas sobrealimentadas. El agua de un lago le muestra su pasado y juntos ríen compartiendo anécdotas que creían haber olvidado. En la orilla, se acurruca en unos pastizales secos y las lágrimas se le caen mientras la fogata se desvanece como diciendo hasta mañana.

Una tarde aparece mientras estoy lavando los platos. Me sorprende disparando una diatriba de incongruencias que me abruman y me confunden.
Nos damos un abrazo estruendos que me contagia sus anécdotas mejor que las palabras y es en ese momento que por un momento puedo entenderlo todo. Por un segundo pienso que nada es verdad y que todo lo que hacemos no tiene sentido. Un pozo gigante se abre en el piso frente a mi y veo en el fondo brillar como oro la palabra miedo.
Me pongo la campera y salgo para la calle a comprar el mejor champagne que encuentre en el mercado. ¡El mono ha regresado y hay que festejarlo!