Chapoteando con los Desolados

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로 튀기는 것은 황폐한다
Splashing with the Desolates

Como un hada
en un pantano
azul
que no puede
encontrar
la salida,
Babilonia
cruza el callejón
arrastrando sueños rotos,
y un cheque
rebotado
en el fondo
de su cartera,

destella inquieta,
chispazos
nerviosos
de inseguridad,
porque
hace horas
que viene
buscando,
lo que viene
buscando,

una bolsa
con uñas rotas,
es lo que tiene,
un parque
de diversiones
en
una tarde
de verano,
es lo que
ella
quisiera,

Husmea en los huecos,
desvencijados
donde la ciudad
da la espalda
y la nuca
de los bares
suda frío
al
momento que
la vida
pasa fría,
inmutable,
por su lado,

vagabundos y yonquis,
putas y punteros,
lloran
al unísono,
repartidos
por el
callejón
formando una
gran lágrima
de hielo
que se derrite
y regala charcos
que parecen
espejos
de hotel,
tirados
en el piso
del callejón,

¡Ella también quiere llorar!
pero hace meses
que busca,
lo que busca
y encuentra,
lo que no quiere,
es por eso
que no tiene tiempo,
aún
y aúllan,
se pelean,
ya por nada,

es como si
quisiera,
vivir en su canción
favorita,
todo el tiempo,

me cuenta
que
perdió la cartera
en una curva
pronunciada,
los tacos de
los zapatos
están
flojos
y el vestido
de fiesta
ya no brilla,

Babilonia
le dice a nadie,
mientras
se acurruca
en un hueco
del callejón,
y lee el diario de ayer
mientras espera y espera.

Se acerca alguien pedaleando, tiene una campera marrón manchada de grasa y una gorra de los Canucks, el equipo de hockey local. Abre la tapa de un contenedor como si fuese un baúl al final del arcoíris. Un pucho a medio terminar le cuelga de los labios y sin bajarse de la bicicleta mete medio cuerpo en el contenedor y se estira para alcanzar varias latas de cerveza vacías que arroja casi sin mirar en una bolsa de plástico negra que trae atada al manubrio. Brotan una especie de carcajadas metálicas cada vez que una lata cae dentro de la bolsa, como si las demás se alegrasen de la nueva compañía.

Almuerzo una hamburguesa parado de espaldas al baldío. Una piñata llena de basura parece haber explotado hace segundos. Un festín de mugre alfombra el lugar. Dos ratas juegan a las escondidas entre los escombros de una vieja construcción, mientras otra se mira perpleja reflejada en un charco, y me pregunto, ¿acaso un roedor no puede ser coqueto?

Los momentos de magia son para cualquiera.

Pasa Marcelo, el poeta, y me cuenta que Ton y Tony’s el local de pizza de la esquina aumentó las porciones veinte centavos. El fin del mundo se acelera con respeto al precio de la mussarela . Mientras tanto, un helado se cae en el verano de alguna parte del mundo, bien lejos de acá seguramente.

En el primer piso una sombra mira las carreras de caballos en el televisor con un boleto en la mano. La luz del tubo escupe pedazos de la imagen por la ventana y la cabeza de un caballo rueda por el aire riéndose de los desafortunados que no tienen nada en los bolsillos, acá en el callejón.

Babilonia ahora tiene hambre
y nos va a comer a todos,
se deja escapar
un murmullo,
de entre una de las ventanas
del segundo piso de un edificio arrumbado,
hecho añicos.

Babilonia dentro del contenedor,
nadando en deshechos
ya
con los ojos
fuera de órbita.

Imagino el crash
de todas las computadoras
del planeta tierra
y
en un segundo,
la hamburguesa
estalla en mi estomago.

El Sol se va otra vez.

Subo
por la escalera
y prendo la radio,
en el marco
de la ventana,
una paloma
muerta,

escucho
mientras miro
al pájaro gris
en silencio,
una madre
que le dice a su hijo hijo:
¡No toques a los vagabundos!

Cierro la ventana
porque hace frío,
y en la radio,
un comentarista
de voz
carrasposa,
dice que
esta noche
va a nevar,
mientras
un saxofón,
devora
la escena
ya la tarde
se hace noche.

Babilonia se aleja
de espaldas,
esfumándose
alegremente
con su vestido azul
ahora encandilante,
como si
su cuerpo
hubiese salido
de la lavandería,

camina con frenesí
bajo la nieve,
haciendo florecer
un carnaval
de entre los charcos,
mientras un cerdo
de neón rosado,
gira colgado
en la puerta
de una carnicería
china
abriendo
el telón de la noche
en el callejón
de la calle Hastings.

MRJ