Chapoteando con los Desolados

February 27, 2009

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로 튀기는 것은 황폐한다
Splashing with the Desolates

Como un hada
en un pantano
azul
que no puede
encontrar
la salida,
Babilonia
cruza el callejón
arrastrando sueños rotos,
y un cheque
rebotado
en el fondo
de su cartera,

destella inquieta,
chispazos
nerviosos
de inseguridad,
porque
hace horas
que viene
buscando,
lo que viene
buscando,

una bolsa
con uñas rotas,
es lo que tiene,
un parque
de diversiones
en
una tarde
de verano,
es lo que
ella
quisiera,

Husmea en los huecos,
desvencijados
donde la ciudad
da la espalda
y la nuca
de los bares
suda frío
al
momento que
la vida
pasa fría,
inmutable,
por su lado,

vagabundos y yonquis,
putas y punteros,
lloran
al unísono,
repartidos
por el
callejón
formando una
gran lágrima
de hielo
que se derrite
y regala charcos
que parecen
espejos
de hotel,
tirados
en el piso
del callejón,

¡Ella también quiere llorar!
pero hace meses
que busca,
lo que busca
y encuentra,
lo que no quiere,
es por eso
que no tiene tiempo,
aún
y aúllan,
se pelean,
ya por nada,

es como si
quisiera,
vivir en su canción
favorita,
todo el tiempo,

me cuenta
que
perdió la cartera
en una curva
pronunciada,
los tacos de
los zapatos
están
flojos
y el vestido
de fiesta
ya no brilla,

Babilonia
le dice a nadie,
mientras
se acurruca
en un hueco
del callejón,
y lee el diario de ayer
mientras espera y espera.

Se acerca alguien pedaleando, tiene una campera marrón manchada de grasa y una gorra de los Canucks, el equipo de hockey local. Abre la tapa de un contenedor como si fuese un baúl al final del arcoíris. Un pucho a medio terminar le cuelga de los labios y sin bajarse de la bicicleta mete medio cuerpo en el contenedor y se estira para alcanzar varias latas de cerveza vacías que arroja casi sin mirar en una bolsa de plástico negra que trae atada al manubrio. Brotan una especie de carcajadas metálicas cada vez que una lata cae dentro de la bolsa, como si las demás se alegrasen de la nueva compañía.

Almuerzo una hamburguesa parado de espaldas al baldío. Una piñata llena de basura parece haber explotado hace segundos. Un festín de mugre alfombra el lugar. Dos ratas juegan a las escondidas entre los escombros de una vieja construcción, mientras otra se mira perpleja reflejada en un charco, y me pregunto, ¿acaso un roedor no puede ser coqueto?

Los momentos de magia son para cualquiera.

Pasa Marcelo, el poeta, y me cuenta que Ton y Tony’s el local de pizza de la esquina aumentó las porciones veinte centavos. El fin del mundo se acelera con respeto al precio de la mussarela . Mientras tanto, un helado se cae en el verano de alguna parte del mundo, bien lejos de acá seguramente.

En el primer piso una sombra mira las carreras de caballos en el televisor con un boleto en la mano. La luz del tubo escupe pedazos de la imagen por la ventana y la cabeza de un caballo rueda por el aire riéndose de los desafortunados que no tienen nada en los bolsillos, acá en el callejón.

Babilonia ahora tiene hambre
y nos va a comer a todos,
se deja escapar
un murmullo,
de entre una de las ventanas
del segundo piso de un edificio arrumbado,
hecho añicos.

Babilonia dentro del contenedor,
nadando en deshechos
ya
con los ojos
fuera de órbita.

Imagino el crash
de todas las computadoras
del planeta tierra
y
en un segundo,
la hamburguesa
estalla en mi estomago.

El Sol se va otra vez.

Subo
por la escalera
y prendo la radio,
en el marco
de la ventana,
una paloma
muerta,

escucho
mientras miro
al pájaro gris
en silencio,
una madre
que le dice a su hijo hijo:
¡No toques a los vagabundos!

Cierro la ventana
porque hace frío,
y en la radio,
un comentarista
de voz
carrasposa,
dice que
esta noche
va a nevar,
mientras
un saxofón,
devora
la escena
ya la tarde
se hace noche.

Babilonia se aleja
de espaldas,
esfumándose
alegremente
con su vestido azul
ahora encandilante,
como si
su cuerpo
hubiese salido
de la lavandería,

camina con frenesí
bajo la nieve,
haciendo florecer
un carnaval
de entre los charcos,
mientras un cerdo
de neón rosado,
gira colgado
en la puerta
de una carnicería
china
abriendo
el telón de la noche
en el callejón
de la calle Hastings.

MRJ

I’m OK

February 25, 2009

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Jaula Nueva para el Mono

February 23, 2009

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원숭이를 위한 새로운 감금소
New Cage for the Monkey

En el momento que abro la puerta de entrada, sale disparado hacia la calle y rápidamente lo pierdo de vista, inmovilizado, sabiendo que es imposible atraparlo. El mono vuelve a escaparse.
Al tiempo lo encuentro, lo baño, lo peino, le doy de comer y se queda tranquilo.
A las pocas semanas lo veo con la cara pegada a la ventana otra vez; los autos pasando echando humo, la nieve rodando con el viento, los pájaros picoteandose por una ramita, las personas grises yendo al trabajo heladas en la mañana de invierno. Todo lo que está afuera absorve su atención.
Por el reflejo del vidrio puedo ver su cara compenetrada con el infinito. Sus ojos laten brillantes mientras sus manos pellizcan el marco de madera despintada. Siento que puede ver mas allá de la calle, de las chimeneas o de las antenas oxidadas en los techos de las casas del barrio. Puede ver la ciudad encendiendose por la noche y escuchar las bocinas de los buses atravesando las calles del centro; los vagabundos pidiendo monedas en la estacion y las putas maquillandose en el cordón de la calle pensando en el chute que tiene en la cartera; los taxis llenos y los centavos de cobre tirados en el asfalto mientras el neón de los restaurantes del barrio chino se apagan por la mañan; las peleas en los bares y el sonido de una botella estallando en alguna parte; las playas vacías en invierno y una paloma muerta en una terraza bajo el sol de la tarde que se acaba.
Más allá de todo eso, los caminos y las rutas, las montañas azules y los árboles imponentes. El sonido oxidado de los trenes llevando avena al más allá al momento en que las nubes nadan en un atardecer rojo de verano, mientras las estrellas se descargan cantando melancolías y titilando tímidamente hasta desaparecer en la oscuridad de la habitación infinita.

Apago la luz y el simio se queda dormido.

Meses después vuelve a fugarse. Salta en trenes, viaja en camiones de carga, come sardinas enlatadas al pie de una montaña, visita pueblos escondidos y hasta presciento que mantiene conversaciones existenciales interminables y estimulantes con conductores borrachos, osos pardos y musarañas sobrealimentadas. El agua de un lago le muestra su pasado y juntos ríen compartiendo anécdotas que creían haber olvidado. En la orilla, se acurruca en unos pastizales secos y las lágrimas se le caen mientras la fogata se desvanece como diciendo hasta mañana.

Una tarde aparece mientras estoy lavando los platos. Me sorprende disparando una diatriba de incongruencias que me abruman y me confunden.
Nos damos un abrazo estruendos que me contagia sus anécdotas mejor que las palabras y es en ese momento que por un momento puedo entenderlo todo. Por un segundo pienso que nada es verdad y que todo lo que hacemos no tiene sentido. Un pozo gigante se abre en el piso frente a mi y veo en el fondo brillar como oro la palabra miedo.
Me pongo la campera y salgo para la calle a comprar el mejor champagne que encuentre en el mercado. ¡El mono ha regresado y hay que festejarlo!

El Pibe Alcantarilla

February 17, 2009

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하수구 아이
The Sewer Kid

Desde hace un tiempo fue cobrando una dimensión inesperada la infección de una herida que tengo en la espalda. Lo que era una simple “cascarita” dio paso a unas ampollas similares a las de una quemadura, lo que me hace imposible dormir de espaldas.
En esta última semana, las ampollas crecieron en número y tamaño. Todo un microcosmos de dolor creciendo detrás mío. Por dentro de las ampollas siento una efervescencia cáustica que a decir verdad me da un poco de miedo, como si todo el asunto fuese a explotar de un momento a otro. Pero otras veces siento todo lo contrario. Ese movimiento dispara en mi mente imágenes de niños jugando bajo la lluvia en un parque, hamacandose o solo riendo a carcajadas mientras saltan en una cama elástica y toman jugo de sandia. En esos momentos abrazo ese sentimiento de compañía mental como si fuese el último cohete de un planeta a punto de explotar disparado hacia el espacio y entonces una sonrisa se dibuja en mi cara.

Me encantaría poder ver directamente al centro del asunto. En un pico de efervescencia, las ampollas parecen emitir una cálida luz intermitente, como si de alguna forma se hubiesen metido dentro docenas de luciérnagas borrachas y no pudiesen encontrar la salida.
Lo mas interesante o atemorizante tal vez, es que con el paso del tiempo esa efervescencia y luminosidad han perdido ese frenesí aleatorio y descontrolado y han dado paso a lo que yo llamo una rutina coreografiada de luz y movimiento que puedo presenciar proyectada en las paredes del acueducto.

La luz intermitente de neón verde del cartel “24hs” de la farmacia se entremezcla con el otro de color rojo que dice “Cerveza Fría” en un almacén Peruano a punto de cerrar, cerca de Callao y Corrientes. El espectáculo de neón incandescente se filtra por una de las rendijas de una alcantarilla al costado del cordón e ilumina parte del acueducto, que hoy viernes esta seco y por eso esta tarde me encontré un regalo, lo que en un primer momento creí una alcancía, resulto ser un pequeño instrumento de viento que al ejecutarlo dota a la escena de una alegría inusitada.

Inesperadamente la melodía atrae a unos roedores que desde un rincón me clavan la mirada como si estuviesen a punto de recibir una orden. Pongo mi puño en la boca como formando un megáfono y les digo:¡Bienvenidos al banquete imaginario, por favor, sirvanse cuanto gusten! Les digo mientras se me cae una gota de saliva espesa y los imagino aplaudiendo vigorosamente, como si estuviesen sentados cómodamente en sillones de pana roja en un teatro céntrico de una Buenos Aires pos apocalíptica, vistiendo de smoking y sonriendo en un festín grotesco.
¡No hay necesidad de formalidades, sientanse como en su casa! ¡Adelante, adelante! ¡No tengan miedo, solo estoy un poco sucio nada más!
El destello de sus ojos me encandila sumiendome en una ceguera temporal. Imagino las estrellas afuera en lo alto latiendo sin sentido mientras un relámpago estalla como si un gigante cayese sobre un techo en una noche azul.

Con los ojos cerrados vuelvo mi cabeza hacia atrás y me doy cuenta que las ampollas tienen el tamaño de un melón y un color rojo crudo. Sintiendo que tengo una carnicería barata en la espalda vuelvo a mirar a la pared y descubro la proyección de las ampollas con mucha más definición.
Nítidamente, podía apreciar figuras recortadas en sombra, como hechas de papel o cartulina, moviendose toscamente, espásticas, enardecidas y errantes.
Casi involuntariamente vuelvo a soplar el instrumento de viento. La madera de la cual esta hecho parece dotar al sonido de una textura rupestre y terrosa. Un pájaro cubista andino pintado de azul en la tapa con el pico abierto, exclamando. Formas geométricas lo rodean sin tocarlo. Me descubro contento al escuchar la melodía, me tiemblan las manos y el pelo se me viene a la cara aunque puedo continuar mirando las sombras de marionetas moviendose bajo la ciudad que duerme pero todos están borrachos por la noche.
Trato de dar forma a una tonada tapando y destapando con el dedo indice el agujero de la cajita de madera pero no puedo. Mis intentos de musicalizar la obra son en vano. Solo consigo un sonido repetitivo y casi tribal. Una especie de mantra del altiplano.

Las figuras resultan ser un gato y un mono. El felino busca jugar persiguiendo la cola del simio y este, como absorbido por la música, baila mientras aplaude con sus manos por sobre su cabeza sin prestar atención al gato, que insiste infinitamente con el juego.

Ya pasaron decenas de años desde el momento en que tomé la decisión de abandonar el mundo de los humanos o lo que ellos llaman “Civilización” para adentrarme en el mundo subterráneo de los acueductos porteños con la idea de nunca más salir. Desde ese momento no había vivido una intensidad y una emoción tan fuerte como en este momento, pero no pude resistirlo. Me quebré en llantos mientras el temblor de mis manos dejaba caer el instrumento de madera y este se perdía en la oscuridad espesa de una zanja.
En ese momento otro relámpago parecía abrir el cielo en mil pedazos y la lluvia estallaba en las calles del centro Buenos Aires. El acueducto comenzaba a inundarse lentamente mientras yo me alejaba hacia un lugar seco y seguro, recordando como si fuese un sueño el espectáculo que acababa de presenciar.

Me sequé las lágrimas con las manos y mientras caminaba por el pasillo húmedo y oscuro del acueducto, acaricie suavemente las ampollas con mi mano húmeda y todavía temblorosa.

Al otro día la lluvia continuaba incesantemente pero yo había alcanzado refugios más altos dentro de los pasillos subterráneos y ya no corría peligro.
Desperté de espaldas mirando hacia arriba, por lo que me di cuenta que estaba en el corredor 99G, casi en la intersección entre la Avenida Las Heras y Pueyrredon.
Después de un rato de observar el laberinto de tuberías oxidadas y enmohecidas, me incorporé de un salto imaginando las ampollas explotadas y casi instantáneamente llevé la mano a la espalda esperando lo peor.
Ya no había ampollas ni tampoco dolor y por lo tanto no volvería a haber luces ni espectáculo de sombras.

Un torrente de agua de desechos se habría unos metros por delante mío y vi como el instrumento de madera con la imagen del pájaro azul caía casi en cámara lenta entre latas de tomate, botellas de Coca-Cola y diarios gratuitos mojados. No pude seguir el recorrido del instrumento, que se camufló entre la basura húmeda y en mi búsqueda desesperada mi cara se disfrazó de pánico al leer el título de la portada de uno de los diarios empapados: Pronostican la Peor Tormenta de los Ultimos Cien Años en Buenos Aires.

Lentamente me senté en el cemento frío y húmedo. Saqué una pequeña radio que siempre llevaba conmigo en el bolsillo. No había mucho que yo pudiese hacer. Busqué en el dial mi estación preferida y me dispuse a esperar que el mono y el gato vieniesen a rescatarme.

Matando al Mono

February 15, 2009

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원숭이를 죽이기
Killing the monkey

**

Los cuervos fueron palomas
y la lluvia se transformó en cerveza,
las botellas vacías se quedaron
emborrachadas de calles desiertas,
año nuevo rodando en el cemento,
¡Buenos Aires otra vez!

***

Casirrico y Sindinero

February 14, 2009

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부유하지만 돈은 거의 없는
Almostrich and Withoutmoney.

Tokio en llamas en el ‘88. Muchos recuerdos brotan ahora mientras los pibes vuelven en bicicleta del parque con árboles secos.
El invierno mata mendigos sigue ahí fuera esperando a por nuestra billetera y a nadie parece importarle.
Por eso lo mejor es quedarse adentro calentando el pan de ayer en el fuego.

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Mañanas de Bicicleta

February 11, 2009

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자전거 아침
Bicycle mornings

Estúpidas Metáforas

February 9, 2009

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어리석은 은유
Stupid Metaphors

Hubo una época, hace varios meses, en la que me cansé de ver gente con una flor roja (tipo prendedor) colgada de la campera, la remera o lo que tuviesen puesto. Al poco tiempo le pregunté a un homeless que andaba vendiendo calendarios en una esquina, ya que él también andaba con el prendedor de la flor roja puesto, que significado tenía. Me dijo:”Es para recordar a los caídos en la guerra”.(*)
Este dibujo es de la época que le siguió a la flor roja. La época de Obama el Salvador. Una época que no termina aún y que comparada con la flor roja, es inmensamente descomunal. Decenas, cientos, miles de personas caminan por la calle con un pedazo de parafernalia del que era candidato y ahora es el presidente de ustedes ya saben qué.
Y para serles sinceros, yo salía a la calle y sentía que me estaba perdiendo algo. Pero algo bien groso, como los hippies en su época, el flower power y todo… y me ponía mal, yo también quería entender, ¡también quería estar iluminado!
Mentira. Salía y salgo a la calle y me enojo. Y si algo o alguien me hace enojar mucho, creo que después si lo dibujo de alguna forma me saco un pedacito del cáncer que seguro esta creciendo en mi riñon o en alguno de esos órganos que como dije hace poco, no vemos pero están ahí, laburando, haciendo lo suyo para que cada día pongamos la patita fuera de la cama y porque no, si uno es más valiente, fuera de la casa.
Creo que con todo este parloteo iba para ese lado. ¿Cual será el órgano que segrega coraje? ¿El corazón? ¿El estómago? El que sea que se encarga del coraje me anda fallando porque muchas veces durante el día tengo miedo. Aparece y desaparece sin razón alguna. Es como un fuego que no se quiere apagar definitivamente. Las brazas latientes como una fiesta interminable están ahí adentro de la lata en el campamento, pero cuando te queres dar cuenta ¡ZAS! el bosque se prendió fuego y no queda ni un pajarito.
¿Será normal? ¿falta de ejercicio? ¿mal dormir? ¿la comida? No, yo creo que es la vida misma. La que esta rodando ahí fuera, donde el gato persigue al cuervo, y la que esta acá adentro; en el horno, en la tele, en el trabajo y en la PC. Pero algo le meten a la comida, o al mierda que leo o que miro en la tele porque yo sigo acá.
Quizás no llegó la hora todavía para que el fuego haga lo suyo con el bosque y todos los senderos que viven en él se vuelvan obsoletos. O a lo mejor empinar el pico más seguido y dejarse de joder con estúpidas metáforas.

MRJ

(*) Claro, los caídos de este bando, no del otro. Ustedes ya saben que el otro es el malo. Sí, ¿no te diste cuenta? ¡Pero sos boludo eh! Ese que está allá lejos, del otro lado; ¿lo ves ahora? ¿todavía no? No importa, vos haceme caso, ese que no ves es un hijo de mil puta y tenemos que hacerlo mierda antes de que sea tarde. ¿Te das cuenta como es el asunto ahora? ¡Bien pebete, bienvenido al club!

Insómnico

February 8, 2009

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불면증
Insomniac
If you want to read the text below in english, press here.

Noches enteras desvelado que se transforman en semanas rápidamente. Durante el día en la cama buceando excusas para levantarme. Pero voy demasiado profundo o quizás los suficiente para no ver y perderme en mis pensamientos o recuerdos para después quedar dormido. Claro que después de tropezar y caer rodando, vaya a saber uno por cual de esas tantas grietas de la conciencia.
Me despierto ya de noche, imaginando como fue el día que pasó hasta que me acuerdo del sueño o la pesadilla que tuve y eso se apodera de mi atención sumiéndome en un estado sonámbulico que no me permite pensar en otra cosa, salvo en los recuerdos somnolientos de mi almohada.
Me pego una ducha y mientras me enjabono bajo el agua caliente cierro los ojos tratando de atrapar un pensamiento, una idea, un plan o por lo menos que mierda voy a comer hoy. Termino de bañarme casi sin darme cuenta. Busco la toalla fuera de la bañera de 60 cm. x 60 cm. La toco y esta húmeda. Imagino la esponja en la pileta y la pila de platos sucios rebalsando.

El invierno en el sótano va a ser largo.

Medio seco, medio mojado, me vuelvo a poner la misma ropa para evitar el resfriado mientras voy a la cocina y prendo las dos hornallas que andan. El calor se hace sentir casi instantáneamente y todo parece estar mejor repentinamente. Corro la cortina y cuento las pelotas de tenis que están en el marco mientras afuera llueve y la noche plena vive a las 7 PM.
Hace meses que no veo un mapache.¿Acaso hibernan como los osos? ¿O en este barrio están prohibidos? No importa.
Apuesto que todo el día estuvo nublado. Entonces, ¡bien por levantarse de noche! Aunque a pesar de todo sigo cansado. Se siente como caer por el abismo del éter, ¡a pesar de que nunca lo he probado! Bueno, no para tanto, pero casi.
La mochila llena de pensamientos puede ser causa de un gran dilema. Incluso, o seguramente el motivo del insomnio.
Hoy no se que hacer, pienso en las horas que quedan hasta que me vaya a dormir nuevamente y en mi imaginación brota un laberinto en llamas. Infinito como la pampa, no me deja ver su salida.

No puedo hacer nada. No hay plan.

¿Ocio, tiempo libre, vagancia, cansancio mental, stress? Sin saber que hacer y sintiéndome como un artista derrotado, por no decir fracasado, me siento en el sillón y trato de escuchar mis órganos internos en funcionamiento. El estómago, el esófago, los pulmones, el corazón… incluso la sangre burbujeando, avanzando por mis venas.
Sí, todo eso que está ahí dentro, es tuyo y no lo ves, como si fuese un regalo de navidad sin abrir o que nunca abriste.
No me conformo con tratar de escucharlos. Me acuesto en el sillón, acurrucado en posición fetal. Una sensación familiar recorre mi cuerpo y veo salir líquido amniótico por debajo del sillón.

Vuelvo a dormirme con la certeza de que hay mucho más trabajo para hacer en el mundo de los sueños.

MRJ

Horóscopo para el Fin de Semana

February 7, 2009

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주말 동안 점성
Horoscope for the Weekend

Si te escucho decir la palabra Facebook te voy a contar algún chisme conspirativo, tal como que la CIA es dueña de una parte de Facebook o algo parecido. Y claro, como vos sos refanático de Facebook y no vas a permitir que un trasnochado de turno venga a defenestrar el sitio que te ha hecho garchar aún más que el fotolog y el msn, te vas a poner verborrágico y vas a empezar a vociferar pavadas, intentando salvaguardar la imagen del portal a toda costa.
¿Pero sabes qué? A mi me va a importar un carajo lo que digas porque voy a tener un vaso lleno de vodka con ginger y hielo y mientras vos me estés preguntando si tomo Coca Cola o si uso el Windows xp, o si alguna vez tomé un café en Starbucks, tratando de meterme en no se qué caverna barata de tu imaginación, por mi garganta va a estar bajando una jauría rugiente de cuchillos afilados para hacerme pensar que todo esta bien y hasta quién sabe, regalarme algunos chispazos de alegría etílica que se encarguen de dibujar una mueca sonriente en algún lugar de mi cara desencajando con la falta de expresión en mi rostro y preocupando a la gente que me acompañó hasta el lugar.
Pero seguramente de la sonrisa epiléptica voy a pasar a estar enojado y te voy a convencer de que todo es una gran mentira y de que vos vas a ser el primer hijo de puta al que le van a poner el chip para controlar tu vida.
¡Ah no suspirar, que no todo queda ahí! De mi correcto inglés gramatical suburbano voy a empezar a balbucear como si tuviese la boca llena de pasto seco, los ojos se me van a salir de órbita y ya no voy a permanecer sentado en mi taburete norteamericano importado de China, sino que voy a estar parado agitando el dedo índice, seguramente tratando de esbozar algún detalle escabroso del 9-11 o de cómo la palabra propaganda se transformó en la palabra marketing con tan solo cruzar el charco.
El tono obsesivo paranoico no será de tu agrado y hasta te provocará cierto escozor al momento que proyectará en tu cara un gesto perdido y decidirás irte a fumar un pucho afuera, a seis metros de la puerta, como bien indica la Ley.
Con tu partida, me voy a relajar y a volver a apoyar el culo en el taburete. Un par de tragos de vodka-ginger, algunos chistes relacionados con la cocaína o con salir a la avenida a pegarle a un mendigo y todo va a volver a su cauce habitual olvidandome rápidamente del asunto conspiracional y tratando de jugar al juego del pibe gracioso.
La última banda va a subir al escenario y me voy a adentrar entre la multitud acalorada para volverme invisible y terminar de tomar lo que queda del jarabe.

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